En cuanto a la igualdad

Navegando en las redes sociales encontré el comentario positivo acerca de un artículo del buen Axel Kaiser a quien hace poco vi en México en una reunión de amigos en las oficinas de la Fundación Naumann. Pues bien, me di a la tarea de leerlo y repensar alguno de los puntos que tocaba su artículo titulado El espejismo de la igualdad pues me son de mucho interés los temas relacionados a valores jurídicos y sobre todo porque considero a Axel una persona inteligente que hace por la causa de la difusión de la libertad aunque él sea liberal y yo libertario.

Pues bien, en su artículo, Axel comienza con la famosa cita de Friedman que dice “Una sociedad que persigue la igualdad por sobre la libertad no termina ni con la una ni con la otra”. Inmediatamente Axel completa lo que dice Friedman afirmando que “Y es que la igualdad es un difuso espejismo imposible de alcanzar por la simple razón de que todos los seres humanos somos por naturaleza desiguales. Ergo, todo lo que resulte de nuestra interacción será desigual”.

Pues bien, del párrafo anterior opino que Friedman y Kaiser no hablan de “la misma” igualdad. Considero acertada la sentencia de Friedman (aunque de por sí no diga mucho) pero incorrecto lo que afirma Axel. Lo que resta del artículo acerca del Estado benefactor me gustó mucho y tomaré algunos datos para cuando a mí mismo me salgan con la puntada de cómo son los suecos y cosas por el estilo.

Pero regresemos a lo que quiero expresar. A través de la historia podemos rastrear de qué iban los debates acerca de los valores jurídicos y cómo en cada época y región determinados se discutía mayormente uno o el otro. Por ejemplo, desde las tragedias de Esquilo hasta las discusiones que tenía Jesús de Nazaret, se aprecia perfectamente que se discutía mayormente lo relativo a la Justicia. Hablando de justicia podemos rastrear el debate en torno a la ley del talión, el sistema racional, que ya había sido expuesto en sus límites por Esquilo en la Orestiada, obra en la cual el hijo de Agamenón, Orestes, debe matar a su madre por haber ésta matado a su padre, pero al matar a su madre estará cometiendo el peor de los crímenes: el matricidio; más aún él no quiere hacerlo, vamos que es a su madre a la que debe dar muerte. Orestes está obligado a matar y lavar con sangre el asesinato de su padre, no es que quiera hacerlo, la ley le obligaba pero si mata a su madre a su vez caerá en la peor de las desgracias, una situación irresoluble en donde el afectado, Orestes, acaba perdiendo cualquiera que sea su curso de acción. En la época moderna este debate acerca de la justicia es tocado por Hans Kelsen en su obra ¿Qué es la Justicia? creo yo de manera acertada (dejando aparte el  positivismo de Hans). Kelsen también se remonta a la antigüedad y en la citada obra rememora el pasaje en el que Jesús de Nazaret responde al interrogatorio de Pilatos admitiendo que es un Rey, agregando que ha venido a este mundo dar testimonio de la verdad, aunque lo que quería decir Jesús, según Kelsen, era que venía a dar testimonio de la justicia, de esa justicia que superaba la ley del talión que existía en aquellas épocas. No obstante Jesús también habló de igualdad pero de una igualdad en tanto “hermanos” ante Dios, que va en contra directamente de las jerarquías establecidas por el sistema religioso judaico que a pesar de eso sí tuvo su repercusión en torno a la igualdad en discusiones posteriores. Sin embargo fundamentalmente hablaba de justicia. Ahora bien, yo no podría decir que la justicia es un difuso espejismo imposible de alcanzar, como dice Kaiser, acerca de la igualdad y lo mismo creo acerca de la libertad y la igualdad misma. En suma que justicia, libertad e igualdad no son espejismos para nada. No, la justicia aunque en última instancia es indefinible exactamente (como el resto de los valores jurídicos) no por eso quiere decir que sea un espejismo, o sea que no exista y sea una ilusión. Volviendo a la historia pienso en Maquiavelo hablando de la antigua Roma, concretamente en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio, escrito en el cual el valor jurídico que parece tener más peso es el de la Libertad, incluso si no me falla la memoria, es en esos Discursos donde viene una historia acerca de un Romano que daba de comer a los pobres y que acaba siendo muerto porque el pueblo temía que aquél terminara por convertirse en tirano ya que dando de comer a los pobres podría estar formando un ejército. A los romanos de aquella época les importaba la Libertad como algo muy fácil de perder bajo una tiranía. En la época actual nos encontramos que la Libertad y la Justicia han dejado el centro de la discusión y ahora se habla de Justicia Social (conducente al igualitarismo), Equidad (siempre mal entendida) y también se ha dejado de hablar de la igualdad, de esa igualdad Jurídica, la igualdad que nos permite acceder a ciertas expectativas y estructura comunes en el Derecho por el simple hecho de tener dignidad humana, de esa igualdad que nos dice que no importa la dimensión económica o política o el sexo o la raza de una persona para acceder a las instituciones en que habrá de apoyarse la existencia humana en la sociedad, sino que esas instituciones obedecen a que todos somos iguales en tanto personas. Esta igualdad no es para nada un espejismo, y creo que mis amigos liberales y libertarios a veces no lo entienden bien. Yo soy libertario porque creo que el valor Libertad es importante, porque creo que está bajo ataque y creo en el principio de no agresión. Además también estoy convencido que en el libertarismo algunos de sus representantes han defendido de manera muy acertada al conjunto de valores jurídicos. Sin embargo puedo ir más allá del libertarismo y defender a la justicia, la libertad y la igualdad, que en cierto modo desbordaría al libertarismo, y debe ser así por la sencilla y lógica razón de que en las acciones concretas, en las situaciones concretas, para llegar a lo que es justo, es correcto, es moral, todos los valores deben actuar al mismo tiempo. Incluso evito hablar de “igualdad ante la ley” puesto que si la ley es injusta la igualdad deja de serlo y da paso al igualitarismo (porque no se puede igualar hacia arriba), por eso la igualdad debe ser en tanto justicia. No sólo es lo que decía Friedman, que si se busca la igualdad antes que la libertad se acaba perdiendo ambas, sino que si se busca la libertad sin buscar la justicia también acabamos sin ambas, si se busca la justicia sin la igualdad se acaba siendo injusto.

No es incorrecto buscar la igualdad en tanto sea igualdad el valor jurídico, que hace que las instituciones que han de servir al individuo ignoren todas las dimensiones, cualidades, facultades, potencialidades, poder,  que este pueda tener y sólo atiendan a su humanidad, a la dignidad de ser una persona y sólo eso, con la consecuencia de que con ese hecho todos los individuos ante las instituciones que proporcionan justicia (por ejemplo en un conflicto) aparezcan al mismo nivel sin inclinar la balanza hacia ningún lado, lo que sería desigual dando un resultado de injusto en la aplicación del Derecho. Esta es la igualdad que sí debemos defender porque es tan pero tan importante como la libertad que ya defendemos.

Lo anterior puede aplicarse también al caso de la justicia, por ejemplo, cuando se nos dice que todos debemos pagar impuestos porque es justo que todos paguen. Si tomamos a la justicia de manera aislada pareciera ser cierto, y si todos pagamos pues se respetaría la igualdad pero ya en la realidad nos encontramos toda clase de sinsentidos en la supuesta aplicación de estos valores. Además si introducimos a la libertad (y por eso digo que los tres valores operan al unísono) con su base en la propiedad privada, en la situación real el cobro de impuestos aparece como un acto de violencia, atentando contra la propiedad de los individuos al verse esos impelidos a pagar, en un intercambio forzado, por supuestos servicios proporcionados por el Estado, lo que al final quiebra la Libertad y por lo tanto al no poder combinar justicia, libertad e igualdad en el caso concreto, en la realidad, se llega a la conclusión de que los impuestos atentan contra la libertad, son injustos y no tienen que ver con la igualdad.  En suma que lo que encontramos hoy es una serie de sinsentidos, curvas ciegas, callejones sin salida y absurdos en la discusión de aquellos valores indispensables para la vida humana en sociedad.

La discusión de los valores jurídicos antes mencionados no es poca cosa y no es nada fácil. No debemos caer en ningún engaño y siempre que se nos presente alguna situación habremos de poder combinar justicia, igualdad y libertad, porque si alguna no puede aplicarse en una situación real, tal aplicación irá contra los valores que debemos defender.  Todos estos valores jurídicos  habrán de defenderse y de su correcta aplicación depende el futuro de un mundo con verdadera igualdad y obvio, con verdadera justicia y libertad.

@EricAraujoM

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Eric Araujo

Eric Araujo es economista, abogado, estudiante de la Maestría en Demografía Social. Anarcocapitalista y cofundador del MLM, radicado en el Distrito Federal, es conocido como el Primer Libertario de México.

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