En Defensa de Scrooge

El Movimiento Libertario de México les desea una muy feliz Navidad y en éste espiritu Navideño les dejamos la siguiente traducción de un articulo al respecto de “A Christmas Carol” de Charles Dickens, esperamos lo disfruten.

En Defensa de Scrooge

De Michael Levin
Publicado el 14 de diciembre de 1998.
Traducción del MLM
El artículo original se encuentra aquí.

Nuevamente es navidad, tiempo de celebrar la transformación de Ebenezer Scrooge. Ya saben el ritual: Abuchear al cascarrabias que aparece al principio de “Un cuento de navidad” de Charles Dickens  y luego aplaudir a la muy dulce persona en la que se convierte al final. Lástima que nadie se dé cuenta de que el cascarrabias tenía buenos motivos.

Para darse cuenta de ellos, es necesario distinguir la visión que Scrooge tenía de la vida de su desagradable persona. Se dice que tenía una nariz puntiaguda y una voz áspera,  pero no todos los empresarios fríos tienen tan lamentables dotes, ni  sus inútiles sobrinos (¿recuerdan a Fred?) están siempre “guapos y rubicundos” y tienen esposas bellas.  Estos detalles que añade el escritor solo crean distorsiones.

Así que, sin preconcepciones, observemos al presunto empleado al que Scrooge le paga muy poco, Bob Cratchit. El hecho es, que si alguien valuara las habilidades de Cratchit por encima de los quince chelines que Scrooge le paga semanalmente, se los ofrecería alegremente. Dado que nadie lo ha hecho, y ya que el jefe de Cratchit es un hombre que busca maximizar su ganancia y difícilmente le pagará más por nada, el valor de Cratchit debe ser precisamente el que gana.

No hay duda de que Cratchit necesita –o quiere- más, para apoyar a su familia y cuidar al Pequeño Tim. Pero Scrooge no forzó a Cratchit a tener un hijo que fuera tan difícil de mantener. Si Cratchit tuvo hijos a sabiendas de que no iba a poderlos mantener, él y no Scrooge, es responsable de su situación. Y si Cratchit no sabía lo caros que serían, ¿por qué debería Scrooge asumir la carga del mal juicio de Cratchit?

Y al respecto del único montón de carbón que Scrooge le permite poner en el calentador, esto soporta el hecho de que Cratchit no está encadenado a un helado escritorio. Si se queda ahí, está mostrando mediante su conducta que prefiere su salario y su “paquete de confort” actuales más que cualquier otro que haya encontrado o que crea que puede encontrar. Las acciones hablan más que las quejas, y el lector no puede quejarse sobre lo que evidentemente es satisfactorio para Cratchit.

Algo aún más notorio que la manera miserable de ser de Scrooge son sus cínicas palabras. “¿qué no hay cárceles?,” dice mofándose cuando le solicitan caridad, “¿y las workhouses del sindicato?”

Terrible, ¿No?, ¿ausente de toda compasión?

No necesariamente. Como Scrooge hace notar, el paga por esas instituciones con sus impuestos. Habiendo ya sido forzado a ayudar a aquellos que no pueden ayudarse a sí mismos, no es poco razonable que prefiera no colaborar dando más fondos para su confort extra.

Scrooge es escéptico de que muchos preferirían morir a estar en una workhouse, y no le conmueven los cuentos sobre lo muy sombríos que éstos lugares son. Tiene derecho a no sentirse conmovido,  ya que las provisiones sociales para los pobres deben ser, de algún modo, Dickensianas. Mientras más gratas sean las alternativas a estar empleado, existirá una mayor propensión a que la gente busque éstas alternativas y serán cada vez menos los que busquen un trabajo productivo. Si la sociedad espera que la gente trabaje, el trabajo debe ser más atractivo que el ocio.

El normalmente taciturno Scrooge se desinhibe un poco cuando Cratchit le da a entender que le gustaría que le diera el día de Navidad pagado. “No es justo”, objeta Scrooge,  algo que Cratchet jamás refuta con su irrelevante argumento de que la Navidad solo sucede una vez al año. Claro que es injusto, porque seguramente Crachit objetaría si le pidieran un día de trabajo sin pago, “y sin embargo”, sagazmente apunta Scrooge, “no cree usted que el maltratado sea yo cuando pago un jornal sin que se trabaje”.

A Cratchit se le ha olvidado la regla de oro. (O ¿será que Scrooge tiene tanto más que Cratchit que la regla de oro ya no entra en juego? Pero Scrooge no piensa que él tenga tanto, ¿No debería el también poder opinar sobre éste asunto?)

El primer empleador de Scrooge, el viejo Fezziwig, no tenía tanto problema con gastar- hace una fiesta de navidad para sus empleados. Lo que el fantasma de las navidades del Pasado no explica es ¿Cómo podía Fezziwig pagarlo? ¿Intentaba transferir esos costos a sus clientes? ¿O sería que Scrooge trabajaba por un salario marginalmente más bajo?

La más grande de las grandes mentiras sobre Scrooge es el sinsentido de su búsqueda de dinero. “La riqueza no le sirve de nada. No hace ningún bien con ella,” opina el rubicundo sobrino Fred.

Equivocado en ambos cargos. Scrooge aparentemente presta dinero y para descubrir el bien que hace solo haría falta preguntarle a sus deudores. Al padre de familia con un nuevo techo, al mercader que pudo financiar un embarque de té, trayendo ganancias a el mismo y felicidad a los bebedores de té, todo gracias a Scrooge.

Dickens no menciona a los clientes satisfechos de Scrooge, pero debió tener miles para poder volverse tan rico.

Se dice que Scrooge persigue tanto a sus deudores que –como le muestra el fantasma de las navidades futuras- una pareja endeudada se alegra por su muerte. Una simple prorroga par el pago de su deuda servirá para evitar la ruina que Scrooge les habría impuesto.

Este engaño es triplemente absurdo. Primero, un empresario tan sagaz como Scrooge preferiría otorgar la prorroga y proteger su inversión antes que embargarlos. (Ningún banco querría que, por ejemplo, unos constructores fallen y los dejen como los orgullosos poseedores de una plaza construida a medias.) Segundo, la chillona pareja conocía y había estado de acuerdo con los términos del contrato con Scrooge. Renegando del trato se convierten en ladrones. Tercero, y más importante, y completamente ignorado por el Fantasma y por Dickens, hay mucha gente cuyos planes dependen de poder tomar prestado el dinero que le pagarían a Scrooge por esas deudas. Scrooge no puede ya prestar lo que Caroline y su marido no le pagan y no puede ganar un centavo a menos de que ponga ese dinero a moverse en cuanto se lo paguen

El caso más complicado, por supuesto, es el pago que le debe Bob Cratchit, quien necesita el dinero para una operación de emergencia para el Pequeño Tim. (Aquí me separo del texto, pero los personajes de Dickens son tan familiares a nosotros que podemos enfrentarlos a situaciones no tan familiares). Si tú crees que Scrooge no tiene corazón por exigir el pago, piensa en Sid el Enfermo, que necesita una operación más urgente que la que Tim requiere, y cuyo padre está esperando financiar esa operación tomando prestado el dinero que Cratchit debería pagar.

¿Es la vida de Tim más valiosa que la de Sid solo porque lo conocemos? Y ¿Cómo le explicamos al padre de Sid que su hijo no podrá tener su operación despúes de todo, ya que Scrooge, como generosidad navideña, le permitió a Cratchit posponer su pago? Scrooge no mueve éste dinero por altruismo, pero sus motivos, sean los que sean, son congruentes con el bienestar público.

¿Pero que hay sobre esos motivos? Scrooge no parece estar satisfecho con los servicios que involuntariamente pudiera dar, y esto parece ser parte del punto de Dickens. Pero ¿quien, además de Dickens, dice que Scrooge no la está pasando bien? Pasa todo su tiempo en sus negocios, le gusta contar su dinero y no tiene intereses fuera de eso.

Al mismo tiempo, Scrooge no parece estar melancólico ni muestra ninguna señal de depresión o conflicto. A pesar de que lo haya querido o no, Dickens ha hecho a Scrooge el personaje más inteligente en su mesa, y Dickens dice que su creación no tiene nada de especial. Así que concluimos que, en su propia forma inexpresiva de ser, Scrooge es productivo y está satisfecho, o sea que de algún modo es feliz.

No podemos discutir el deseo de Dickens de mostrar  las ventajas espirituales del amor. Pero no había necesidad de que el objeto de su lección fuera un empresario cuyas ideas y practicas benefician a sus empleados, a la sociedad y a sí mismo. ¿Debe un hombre así ser despreciado y morir solo? Bah, yo digo, ¡Patrañas!

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2 Respuestas

  1. Muy bueno! Me divertí mucho al leerlo. Es un choque entre la Pasión y la Razón.

  2. Alvaro Orozco Carballo dice:

    Este comentario tiene su parte de verdad y su parte de falsedad. Empresarios como Ebenezer son necesarios para que personas como Bob puedan progresar, siempre quie le pague un salario justo y pague en impuestos lo estrictamente justo para el bien comun y en elo sean empleados, Es decir no deberia permitirse la prepotencia voluntaria o no de los Ebenezer sobre la mayoria de los pobres, que se hallan ante los poli polios privados, se requiere la vigencia de la enseñanza social catolica y asi los empresarios seruan como el primer patron de Ebenezer

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