Maduro, el papel higiénico y la imposibilidad del socialismo

La escasez no es algo nuevo en Venezuela. Harina, pollo, aceite de maíz, azúcar, e incluso desodorante y pasta de dientes son algunos de los productos que se extrañan en los anaqueles de los supermercados desde hace unos meses. A esta lista se agrega un nuevo producto: el papel higiénico. De manera casi surrealista, se está convirtiendo en una odisea conseguir un producto que la persona promedio utiliza por lo menos una vez al día.

“La revolución importará 50 millones de rollos”, anuncia el ministro de comercio, Alejandro Fleming, cifra que, aunque a priori suena impresionante, equivale a 1.7 rollos por venezolano, y no se especifica a quién le comprarán esos rollos ni cuándo llegarán. ¿Y quién tiene la culpa de esta escasez? Nicolás Maduro, siguiendo los pasos de Hugo Chávez, culpó a todos menos al gobierno de esta escasez: que si fue una campaña mediática de la oposición que generó compras nerviosas, que si la culpa fue de los grandes empresarios que acaparan los productos.

Lo curioso es que coincidentemente todos los productos que escasean en Venezuela forman parte de los productos que desde 2003 su precio es determinado por el Estado. Esto hace que nos preguntemos, ¿será lo que dice Maduro la verdadera razón detrás de la carestía de ciertos productos o hay otra razón? La realidad de esta carestía la podemos encontrar en el sistema político económico venezolano, el “socialismo del siglo XXI”.

El principal detonador ya lo mencioné, fueron los precios intervenidos. Mientras que la inflación acumulada de los últimos 10 años de Venezuela superó el 1200%, en los productos regulados el incremento fue del 490%. En otras palabras, el resto de las mercancías subió de precio casi tres veces más que los bienes regulados, lo que hace que sea menos rentable producir estos últimos productos.

Por si fuera poco, desde 2007 se emprendió una campaña de expropiaciones que hace que hoy en día el gobierno venezolano tenga empresas dedicadas a la producción de algunos de estos bienes, y sus resultados son deficientes. Como ejemplo, el Estado venezolano tiene 18 plantas procesadoras de maíz, las cuales producen a menos del 40% de su capacidad, situación que se vuelve tensa dado que estas plantas representan el 42% del mercado. Así, vemos que la carestía no es culpa únicamente de “la campaña mediática de la oposición y de los burgueses acaparadores”, sino también del deficiente modelo de producción de las empresas estatales.

A este de por sí desastroso control de precios se le suma otra pésima política implementada por el gobierno bolivariano, el control de la moneda. A pesar de que el bolívar se devaluó y pasó a estar en 6.30 bolívares por dólar, este precio sigue estando sobrevalorado y en el mercado negro un dólar se valúa en alrededor de 20 bolívares. Otra muestra de esta sobrevaloración es el Índice Big Mac que The Economist saca cada año, donde se muestra que el bolívar fuerte está sobrevalorado en un 107.9% frente al dólar, siendo así la moneda más sobrevalorada en comparación con el dólar estadounidense.

¿Y cómo afecta esta política a la producción de productos básicos en Venezuela? De dos formas. Por una parte, la única forma legal en la que el empresario puede acceder a dólares para importar insumos para la producción de sus bienes es a través del propio gobierno venezolano, el cual, al igual que el gobierno argentino, tiene un déficits de dólares, lo que hace que haya colas de espera para poder comprar dólares.

Por otra parte, el que el bolívar esté sobrevalorado hace que los productos venezolanos no sean competitivos frente a los productos del extranjero, por lo que resulta más barato importar que producir en Venezuela. Esto está acabando con la ya de por sí débil industria venezolana, y el gobierno venezolano no hace más que agravar esto: su táctica para combatir la carestía es la importación de 700,000 toneladas de productos básicos. Como una vez escuché decir de Isabel Pereira, directora del CEDICE, es una vergüenza que hoy en día Venezuela tenga que importar productos agrícolas de Nicaragua que otrora exportaba.

El mercado tampoco es perfecto, claro está. El mercado no es otra cosa que la materialización de la acción emprendida por seres humanos, seres humanos imperfectos que pueden equivocarse, pero intentar solventar estas fallas con la intervención de burócratas – que también son seres humanos imperfectos – que no tienen siquiera un panorama completo de la situación no hace más que empeorar cualquier problemática, como el buen Nicolás Maduro nos está ejemplificando día a día.

@alvaro_qc

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