¿Qué hay tras la propuesta de Trump para ‘subir los salarios’ en México?

El fenómeno Trump no deja de levantar polémicas, y es que este 7 de agosto su propuesta de reforma al TLCAN comenzó a tomar forma. En términos generales, Trump denunció el déficit comercial con México en términos de mano de obra, pues los salarios son más bajos que en Estados Unidos. Lo que está pidiendo es una reforma laboral que implique subir los salarios (sic) con el fin de encarecer la mano de obra y hacer menos rentable que las empresas norteamericanas traigan sus capitales a México . Los principales diarios de ambos países ya destilan un dejo de ignorancia en temas económicos, haciendo todo tipo de mezclas en sus análisis.

En primer lugar, hemos de decir que la desigualdad en términos de la renta que perciben los trabajadores en México y Estados Unidos no es casual, ni producto de una maquinación deliberada del gobierno actual. Se trata de una cuestión que responde a desigualdades en el plano institucional que han logrado que la generación de riqueza sea más favorable en Estados Unidos que en México. Así, los salarios responden a cómo es que opera el sistema de competencia, y en qué medida tenemos tasas de capitalización diferenciadas, lo que permite que éstos se eleven. Es decir, los salarios dependen de cuántas empresas tenemos en cada ramo, y cómo opera la competencia en su interior. Así, si tenemos más empresas, éstas tendrían que competir por mano de obra y esta será mejor remunerada.

Si bien el doctor Marx notaba que es la oferta de trabajo la que está ya en competencia, y que genera un ejército de reserva, lo cierto es que si tenemos más empresas, tenemos más oportunidades. Y si son las empresas las que compiten por la mano de obra, tienen que ofrecer mejores salarios a fin de quedarse con los mejores trabajadores. Si no proceden de ésta forma, se quedan con la peor mano de obra, pues sus trabajadores irán a donde les ofrezcan mejores condiciones. En este sentido, hemos de decir que la causa fundamental de la disparidad de ingresos entre trabajadores de ambos países responde a cómo es que los gobiernos gestionan las condiciones para generar riqueza, en qué medida respetan la propiedad y los contratos, y cómo permiten la innovación.

El problema es que ni Trump ni los amigos de Regeneración entienden este proceso. O quizá lo hacen y lo promueven porque hay algo en las consecuencias de las medidas que promueven que va con su agenda. Ellos suponen que reformando las instituciones legales se pueden subir los salarios, así, por decreto. El problema es que ningún decreto gubernamental es capaz de generar nada como si se tratara de una orden divina. Lo que sí pueden hacer es sacar cosas del mundo de lo permisible. Subir los salarios mínimos no eleva la productividad ni atrae inversiones. Lo que hace es encarecer la mano de obra, a tal grado que las empresas deben evaluar los riesgos de contratar personas nuevas. Con ello, se ven excluidos del proceso productivo personas en grupos vulnerables como las embarazadas, los discapacitados, los viejos o los jóvenes. Y esto se traduce en que los salarios reales, más no los mínimos se vean afectados, pues en general se trata de oportunidades que no fueron creadas.

Así, no hemos de perder de vista que las disparidades en la renta tienen una razón de ser y responden a condiciones institucionales y luego materiales. No ha de interpretarse este ensayo como una apología a los bajos salarios que hoy priman en algunos sectores, sino como una vía para comprender que es la libre movilidad de capitales y la flexibilización laboral las que han permitido que muchas personas mejoren sus condiciones de vida. Quizá haya quien objete que el salario que se paga a un empleado en el sector automotriz en Puebla es insuficiente. Esa persona debería preguntarse qué haría ese mismo empleado si no hubiera industria automotriz en su Estado, si este tuviera que conformarse con los métodos tradicionales de producción, o verse orillado a emigrar. Claramente el primer escenario no es mejor que en el que se encuentra hoy, pues su vida estaría sujeta al temporal, y los esfuerzos que hoy obtiene mediante bienes de capital son incomparables con las potencialidades de la división del trabajo y el intercambio monetario. La posibilidad de la emigración nos dice otra cosa: que por supuesto, está sujeto a la incertidumbre; pero además nos dice que quizá ser consciente, va a un lugar con mejores condiciones institucionales, que no bloqueen la generación de riqueza.

Por tanto, no hemos de dejarnos llevar por la idea de que Trump busca mejorar las condiciones de vida de los trabajadores mexicanos, como ingenuamente han asumido algunos periodistas. Lo que puede implicar una medida con tales cualidades no es sino el encarecimiento de la mano de obra, y las posibilidades de que se vayan algunos capitales del país, o bien, frenar la entrada de más empresas. En este sentido, debe uno ser consciente de las consecuencias no buscadas en la acción.

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Omar R. León

Casi egresado de sociología FCPyS, UNAM. Liberal clásico.

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