Yo no defiendo los matrimonios gay

A veces veo en las redes sociales ataques a los libertarios en el sentido de que defendemos el matrimonio entre homosexuales. Debo decir a todos esos malinformados que en tanto libertario que soy, jamás defendería los matrimonios entre parejas del mismo sexo, no señor, yo lo que defiendo es el derecho que el individuo tiene sobre su voluntad y su cuerpo, lo cual puede llegar a derivar en el deseo de querer unir su vida con cualquier persona o personas para vivir en pareja, trío, cuarteto, etcétera. Me importa muy poco si esas personas son homosexuales o es una mujer con dos hombres, o varios hombres con una mujer o como quiera que se les antoje. Sencillamente soy respetuoso de la voluntad y de las decisiones ajenas siempre que estas sigan el principio de no agresión.

Acerca del tema estuve platicando con una abogada que respeto mucho, hablamos además de igualdad, de la Constitución, la adopción por parte de padres homosexuales y nos detuvimos en esto último. Me expresaba la abogada su preocupación por el hostigamiento que podrían llegar a sufrir los niños con padres del mismo sexo y yo le dije que en efecto, esa sería una consecuencia de tener leyes civiles con la carga moral y religiosa del siglo antepasado y que de seguro ese hostigamiento pasaría en una generación, tal vez más, de igual manera que las burlas para los hijos de madres solteras sencillamente se fueron haciendo cada vez menores hasta que se comprendió que no era nada malo ni motivo de burla. Toda transición lleva un proceso, un tiempo y cambios en mentalidades pero que con ánimo de buscar más libertades, es necesario enfrentar.

Y el Estado qué tiene qué ver. Cuando el Estado usurpó la función del matrimonio de la iglesia y lo volvió netamente una institución estatal, a pesar de que esto obviamente generó consecuencias jurídicas importantes, no significó que el trasfondo religioso y cultural que el matrimonio ya tenía fuese modificado diametralmente. De hecho la sociedad siguió uniendo en matrimonio a la gente y muchos nunca se casaban por la ley civil. Cien años más tarde el matrimonio civil había cambiado la balanza y la gente ya pensaba más en casarse por el civil que tener un matrimonio religioso. El matrimonio religioso aún tiene gran fuerza aunque ahora lo percibo más como un ritual social de consolidación de la pareja ante la sociedad y al campo religioso lo veo francamente relegado. Con el advenimiento de gobiernos progres la misma institución del matrimonio civil fue debilitada y se le empezaron a dar derechos a los concubinos casi de la misma naturaleza que la de los cónyuges, es decir, que el contrato de matrimonio perdió su importancia jurídica frente a otras formas de unión. Otra cosa importante es que el matrimonio es un contrato, no importa qué título se le ponga al matrimonio, es un contrato, UN CON-TRA-TO. Algo que nace de la voluntad de las personas y punto. De esta manera incluso el Estado puede no tener injerencia en él, es decir, se podrían hacer “n” modalidades de matrimonio o incluso no llamarlas así sino con otros nombres y además las partes podrían nombrar a árbitros que dirimieran las controversias. Seguramente entrarían aquí compañías de seguros y otras muchas instituciones privadas. No estoy diciendo que así debería ser sino que así podría ser. Sin el anquilosamiento que representa que un área jurídica sea regulada por el Estado no puedo ni imaginar las múltiples variantes de uniones entre personas que se crearían.

Pero aún los libertarios podemos tener cierta resistencia emotiva a las parejas del mismo sexo pues al fin de cuentas somos influidos por la cultura en turno, la idea de dos personas del mismo sexo casadas nos puede generar cierta repulsión, no olvidemos que la sociedad trae una carga religiosa, cultural y machista muy fuerte aún. Aunque como libertarios y respetuosos de la voluntad y los contratos, no veo cómo racionalmente nos podamos declarar en contra de la unión de homosexuales en el contrato matrimonial y menos a invocar la fuerza del Estado contra estas uniones. Lo mismo sería en el caso de alguien que quisiera tener dos o tres parejas mediante matrimonio o cualquier cosa que se les ocurra, porque es extensiva a todos la calidad de seres humanos y por ende sus derechos.

La Constitución que “tanto amamos” nos “reconoce” la igualdad y derechos para todas las personas sin discriminación de sexos, entre otras cosas. Por tanto no hay manera de estar en la posición de que todos somos iguales como seres humanos pero, si quieres unirte a alguien del mismo sexo tus derechos se coarten pues sería algo parecido a hacer una capitis diminutio por el hecho de ser homosexual pues de esta forma ser homosexual representaría una forma degradada de humano.

Vuelvo a mi punto de vista del principio. No defiendo matrimonios homosexuales, sino el derecho de los individuos a compartir sus vidas, con todo lo que representa, con quien o quienes mejor les plazca y por el tiempo y con las cargas y beneficios que ellos decidan, siempre con uso de la voluntad y no violentando el principio de no agresión.

Eric Araujo

Eric Araujo es economista y abogado, anarquista lógico, cofundador del MLM y primer libertario de México.

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