Adam Smith y laissez-faire

Dentro de la filosofía política y la economía política existen dos visiones antagónicas respecto al legado de Adam Smith:

  1. Por un lado se le ve, vía su énfasis en la división del trabajo y en el libre intercambio internacional, como el padre de la argumentación a favor de una economía liberal clásica.
  2. Por otro lado se le ve en algunos casos como un socialdemócrata moderado que ha sido malentendido por las futuras generaciones (Véase por ejemplo Emma Rothschild [2001] Economic Sentiments, Harvard University Press)

Dentro de algunos círculos liberales clásicos y libertarios se mantiene una tercera posición sui generis originada en la crítica de Murray Rothbard (mantenida en el 1er volumen de An Austrian Perspective on the History of Economic thought) quien en unas cuantas páginas (463-469)intenta “desmitificar” la concepción de Adam Smith como un adherente a los principios de libertad económica, ofreciendo ejemplos de cómo Smith era proponente de ciertas políticas públicas ( por ejemplo, Rothbard centra su ira en contra de las ideas de Smith de poner techos a la tasa de interés activa).

La crítica de Rothbard hacía Smith es indudablemente originada a partir de su particular filosofía libertaria anarco capitalista que de hecho ha encontrado oposición incluso de otros sectores libertarios (Véase el intercambio de correspondencia electrónica entre David Friedman y un internauta respecto a la obra antes citada de Rothbard, )

Independientemente de cual sea el veredicto personal en lo que concierne a la pureza de adhesión de Adam Smith a los principios de libre mercado, hay que recordar que él era un liberal clásico y como tal las premisas de las que parte son diferentes de las que después los libertarios deontológicos a la Rothbard elaborarían.

Mientras elaboraba mi tesis sobre historia del pensamiento monetario, en mi estudio de Adam Smith y su posición sobre la naturaleza de la banca y del dinero, encontré esta excelente cita que me gustaría compartirles.

“Dichas regulaciones, sin duda, pueden ser consideradas como una violación de la libertad natural. Pero la práctica de tales acciones, surgidas de la libertad natural de algunos individuos, podría poner en peligro la seguridad de toda la sociedad y deben, y deberían, estar restringidas por las leyes de todos los gobiernos, tanto de los más libres como de los más déspotas. La obligación de construir paredes medianeras [1] para prevenir la propagación de incendios es una violación a la libertad natural del mismo tipo que las regulaciones en materia bancaria aquí propuestas [2]” (Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, II.2.94)

En corto, Adam Smith manifiesta que por naturaleza la gente es proclive a actuar de manera miope en tanto actúa de manera “cortoplacista” sin evaluar riesgos e incertidumbre de largo plazo.   Por ende, él sugiere que algunas pocas actividades requieren de la intromisión de un agente externo, en este caso el gobierno, que provea incentivos de manera artificial que hagan más previsorios a los individuos en cuestión.

Independientemente de que se dude de la necesidad de modificar la oferta/demanda de ciertos servicios en específico, el argumento real de Smith seguiría firme en tanto está sustentando en su forma de entender la naturaleza humana: en la información limitada y sesgada de los agentes. Un ejemplo panoramico más actual  sería el preguntarnos ¿cuál esquema político  serviría mejor para la supervivencia de la raza humana ante el surgimiento eventual de una mortal epidemia?

¿Qué opinan?

[1] Medianeras son aquellas paredes divisorias que se encuentran en medio de dos casas o fincas y que pertenecen por igual a los dueños de ambas (Ver descripción gráfica)

[2] Las únicas regulaciones propuestas por Adam Smith en materia bancaria y de emisión de dinero son: a) abolición de la emisión de billetes menores a cinco libras; b) prohibición de la cláusula opcional, que era una política del sistema financiero escocés que daba posibilidad a los bancos privados de no redimir sus billetes en oro de manera inmediata pero les comprometía a redimirlo en un futuro a una tasa dada; c) los ya mencionados topes al cobre de intereses por los bancos.

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2 Respuestas

  1. Muy bueno, aunque creo que conviene aclarar que no sólo es Adam Smith, sino que hay gran consenso en el mainstream económico que piensa así, al menos en términos de economía política.

    Hay encuestas entre economistas que revelan que el economista promedio reconoce las bondades del mercado, pero entiende bien sus fronteras debido a la racionalidad limitada, externalidades, costos hundidos y otros fallas de mercado. Viene a mi mente la experiencia que he tenido en el último mes analizando la economía del caso del transporte de pasajeros: en el mundo por más que se intenta una solución con mayor libertad económica (60 años de experiencias internacionales), siempre terminas llegando a tres equilibrios igual de malos (a) cartel que hace valer su derecho sobre la vía a través de la violencia, (b) monopolio privado o (c) monopolio público.

    Por supuesto, para entender estas limitaciones y hacer un análisis de qué hacer al respecto va más allá que negarse sistemática a la intervención estatal. Muchos de nuestros problemas, probablemente lo más graves (salud, educación, empleo, etc.) probablemente se resolverían con menos gobierno y más libertad. Pero otros, más complejos, no tienen una respuesta fácil.

    Justo por eso (porque muchos problemas no suelen tener respuestas fáciles) trato de afrontar los temas de política desde un muy liberal escepticismo, desde el cual realmente dudo de lo que nuestros gobernantes nos están vendiendo, pero también dudo de lo que se plantea desde un purismo ideológico.

  2. Esteban dice:

    Entender las limitaciones de la acción humana no significa “necesariamente”, abrir la puerta para la intervención Estatal. Si los problemas simples como salud educación y empleo no se solucionan con el gobierno, mucho menos los más complejos. Confundir el purismo ideológico con los principios filosóficos y acercamiento a la sociedad como un fenómeno complejo por parte de la economía (y la ciencia política convertida en administración pública) es peligroso. Eso distingue a los economistas austriacos del resto, ustedes dos deberían estar más en desacuerdo! hehe

    Me comentaba Mario Ivan, otro colaborador nuestro, en el post sobre armas de fuego que la irracionalidad en la que podía caer el ser humano en momentos de estrés emocional lo llevaban a argumentar por la regulación de armas de fuego. El argumento me parece similar en el caso de los equilibrios sub-óptimos que puede alcanzar determinado mercado.

    No niego que ambas cosas existan, pero dudo que la solución venga de otro lugar que el ensayo y error del mayor numero de instituciones libres (sin violaciones “no acordadas” a la ley natural) posibles. Para eso nos tenemos que deshacer del Estado como lo conocemos hoy, y no buscar mejorarlo.

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