Derecho a portar armas

Hoy en la mañana fui víctima de un asalto; viajaba en el autobús rumbo al servicio social. No me robaron mucho, soy observador y antes de que se iniciara el atraco ya había escondido mi celular, además de que no llevaba mucho dinero. No puedo decir lo mismo de otros pasajeros, algunos hasta fueron golpeados.¿Por qué no hicimos nada? Es fácil saberlo, uno de los asaltantes traía una pistola escuadra.

Estos atracos se dan constantemente en el transporte público de la Ciudad de México; sencillamente las autoridades no los toman en cuenta, no hacen nada. En el momento de estar tomando las pertenencias de los pasajeros todo iba en cámara lenta, veía la resignación de algunos de los viajantes, el miedo en otros, la expresión nerviosa de los asaltantes novatos y el acero reluciente de la escuadra del líder. Hasta calculé el tiempo que me llevaría el tomar mi pistola debajo de mi brazo izquierdo, estirar el brazo, apuntar al asaltante que traía el arma y jalar el gatillo, pero, no tengo un arma, no puedo portarla porque el Estado injustamente me lo ha prohibido; a los asaltantes les importa poco que haya prohibiciones.

El Estado y sus marionetas académicas dicen que existe un contrato social, un mítico contrato que fue suscrito por mis antepasados donde se renunciaba a hacer justicia por propia mano (y por tanto renunciábamos a usar nosotros mismos armas) y delegábamos esa función a la corporación llamada Estado. Pasaríamos así de la autotutela a la heterocomposición, estadio más avanzado de solución de conflictos, ya que la autotutela es propia de los animales (la ley del más fuerte). Sin embargo yo digo que esas marionetas académicas mienten con todos los dientes y que la prohibición que tenemos los ciudadanos de portar armas es de los mayores fraudes que se han cometido contra la libertad y seguridad del individuo.

He mencionado repetidamente lo ilógico y peligroso que resulta el no portar armas. Cuántas personas han sido asesinadas, atracadas, violadas, etcétera, debido a que sus agresores tuvieron el poder del arma de fuego y las víctimas, respetuosas de la ley y no portadoras de armas, nunca tuvieron una oportunidad contra el poder letal de una bala. Cuántas personas han sido despojadas de su dinero después de salir de un banco, todas ellas víctimas que nunca tuvieron una oportunidad de resistir la agresión y terminaron siendo despojadas de su riqueza en el mejor de los casos y en el peor, escurriendo sangre que fue a dar a una alcantarilla en la orilla de una acera. Todos ellos no tenían un arma que balanceara el poder letal entre agresor y víctima, lo cual haría pensar dos veces al victimario si valdría la pena arriesgar la vida por unos miles de pesos, ya que al menor error podría perder la vida en lugar de robar la propiedad de otro, es decir, la posible víctima tendría una oportunidad.

Estos gobiernos que hoy nos toca soportar, se caracterizan por su mínima preocupación por defender la propiedad privada del individuo; se persigue al vicioso (libre de enviciarse) en lugar de combatir el robo, el secuestro y la extorsión.

La gente común adoctrinada por las falacias estatales piensa que el Estado y solamente él es capaz de arreglar toda esta violencia contra la propiedad privada (incluida la más importante: el propio cuerpo físico del individuo). Se imaginan que mediante dos o tres reformas a la ley, programas de capacitación a los policías, a los ministerios públicos y jueces, y obvio, mediante un estricto control de armas (desarme de la ciudadanía) ahora sí llegaríamos a una etapa de paz. La gente sencillamente es ingenua.

Por otro lado, pensemos que todas esas reformas mencionadas se llevan a cabo y pensemos también que efectivamente los niveles de agresión a la propiedad privada de los individuos disminuyen. De todas formas seguiría habiendo atracos, robos, extorsión y muertes violentas. La razón es obvia, el Estado no puede ser un ente omnipresente en todos y cada uno de los actos de los individuos y el tratar de que fuese así sólo llevaría a una intromisión del Estado en todos y cada uno de los aspectos de la vida privada, por nuestro bien, para entonces poder proteger al pueblo de si mismo, ahora sí. Aunque esto último suena a una locura, hay sectores de la población y personas de gran influencia que desearían que viviésemos en un país con tales controles.

Pero dijimos, y esto es lo importante, que el Estado no puede estar en todos lados a todas horas, lo que significa que no puede protegernos de los múltiples ataques que pueda sufrir nuestra propiedad el cien por ciento de las veces, es más tal vez sólo nos podría proteger en un mínimo porcentaje. Este es un impedimento físico, real.

La función “principal” del Estado, derivada del mítico contrato social (a decir de los que creen en tal absurdo) es la de impartir justicia y evitar que el individuo se haga justicia por propia mano. Armado con el poder de impartir justicia mediante el monopolio de la fuerza, el Estado pretende disuadir a los individuos de que cometan crímenes por miedo al castigo, más es poco efectivo para protegernos de aquel individuo que se decida, en un momento dado, a dañar nuestra propiedad. Esto era bien entendido en siglos anteriores, pues a pesar de existir Estado los individuos tenía el legítimo y lógico derecho de portar armas para repeler agresiones inminentes. Claro que los individuos armados que conforman un pueblo, al poder repeler las agresiones contra su propiedad, también tienen el derecho de repeler las agresiones del propio Estado.

Hay muchísimos teóricos que argumentan que si el Estado disuade efectivamente a los criminales el nivel de agresiones contra la propiedad bajaría y que pues los desafortunados que fueran asesinados (por decir un caso) serían un mal inevitable pues no hay sociedad que tenga cero nivel de crímenes. Por eso es necesario eficientar la impartición de justicia y de este modo ni pensar en la locura de que la población pueda portar armas. Desde un punto de vista utilitarista, pudiera decirse que estos teóricos tienen razón (no necesariamente) pero moralmente es una infamia. Los humanos no somos gorriones que vamos por el cielo en grupos de muchas decenas con el fin de confundir al depredador para que las víctimas sean las menos. No tiene el derecho ningún humano sobre otro para impedirle la legítima defensa y protección (que nunca le podría proporcionar ningún Estado) porque las situaciones en las que podría sufrir agresiones son infinitas y por lo tanto impedirle el porte de armas es negarle la oportunidad de defender su propiedad, su familia y su propia vida.

Si por dignidad humana nos asiste el derecho a portar armas, imaginen cuánto más nos asiste en un Estado que ha renunciado a lo que supuestamente es su trabajo: impartición de justicia. En este Estado que ya no disuade a los criminales de perpetrar crímenes, la portación de armas resulta además de ser nuestro recurso más lógico, nuestro derecho más legítimo y necesario.

@EricAraujoM

Eric Araujo

Eric Araujo es economista y abogado, anarquista lógico, cofundador del MLM y primer libertario de México.

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3 Respuestas

  1. Bajo cierta interpretación el principio de no agresión en estos tiempos termina siendo una suerte de contrato social, no? Casi igual de difuso en el sentido de que -como el contrato social que no se cumple- cualquiera aprovecharía la portación de armas para agredir en aras de su beneficio. Si me rijo por la lógica estoy totalmente a favor de la portación de armas, sin embargo me cuesta trabajo pensar que esto pueda derivar en buenos términos. En pocas palabras, no todos usan la portación de armas para defensa, aún cuando se argumenta en ocasiones que quien tiene un arma y agrede, lo hace en parte porque sabe que a quien ataca está desarmado.

    Considerando la situación actual, estoy a favor de asumir ese riesgo, incluso. Sobre todo ante la evidencia clarísima de que el Estado es incapaz de hacerlo de manera medianamente efectiva (y de hecho no deberíamos otorgarle tal poder). Saludos.

  2. Alfredo Ruiz dice:

    El principio de no agresion NAP, creo no puede ser un contrato en sentido formal por que aunque las partes aceptan su existencia ninguno firma o se compromete a no agredir, es más una promesa de respeto mutuo no vinculante. El “contrato social” tampoco lo es por los mismos terminos, pero si es vinculante por que el estado te obliogara a cumplirlo.

    Aunque no todos usen las armas para defensa si no para la simple agresión, no es lógico pensar que por eso deba prohibirse la portación. Es precisamente el hecho de que alguien abuse que los demas debemos poder defendernos, pero hay algo más John Lott en sus estudios sobre el tema ha descubuierto que no es necesario que la gente este armada, por que la sola posibilidad de que alguien este armado disminuye la violencia, aunque no la evita al 100%.

  1. 2014/10/23

    […] si no peligrosa). En el sitio del MLM se han compartido varias entradas acerca de la lógica del derecho a la autodefensa y sobre las armas en sí, así como de su utilidad para combatir al crimen […]

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