Andrés Manuel López Obrador y el neoliberalismo: la esperanza de México (¿?)

El Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) decidió no apoyar a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ni a su partido, Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), porque estos son la continuidad del neoliberalismo. El rechazo de los Zapatistas no es nuevo. En 2005 cuando al Subcomandante Galeano le preguntaron qué tenía que decirle a AMLO, él contestó “lo que diga mi dedito” (frase acuñada por AMLO para negar algo) y le pintó dedo a quien en 2018 será el nuevo presidente de México. No es de extrañarse, AMLO será el presidente más neoliberal de México.

Lo que diga mi dedito.” Subcomandante Marcos

 

Tiempos de Andrés

Comparar a AMLO con otros políticos es un vulgar lugar común. Quienes no conocen la historia de Venezuela dicen que AMLO es como Hugo Chávez. Quienes no entienden la historia de México dicen que AMLO es como Luis Echeverría. Quienes no saben de economía dicen que AMLO es como Lula da Silva. Quienes no comprenden el populismo dicen que AMLO es como Donald Trump. Quienes no pueden ver un calendario dicen que AMLO es un peligro para México.

Antes de continuar, considero prudente hacer algunas aclaraciones. Yo no fui a votar, pero hubiese votado por AMLO. Firmé para que María de Jesús Patricio, la Vocera Marichuy, llegara a la boleta porque quería votar por ella. Ricardo Anaya, el segundo lugar y candidato del Frente Ciudadano, no me cautivó. Entre la destrucción de la democracia interna del Partido Acción Nacional (PAN), las acusaciones de lavado de dinero, su personalidad fría y su desconexión con la realidad mexicana, Anaya no logró crear una alternativa atractiva. De José Antonio Meade ni vale la pena hablar. Quedó en tercer lugar y, aunque era el candidato que más me agradaba, por principio no puedo votar por el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Admiro a AMLO porque es el político mexicano más talentoso de nuestros días y, especialmente, porque parece que de verdad le preocupa la gente más pobre y desprotegida.

Resulta casi imposible ubicar a AMLO y a MORENA en el espectro político. El próximo presidente creó a una izquierda amiga de la ultraderecha encarnada en el Partido Encuentro Social (PES). Llamó a luchar por la justicia social mientras que prometió no subir impuestos. Condenó a la Mafia del Poder y acogió a sus adversarios. AMLO es una paradoja, una moneda en el aire que llena de esperanza a algunos y de terror a otros.

AMLO tenía ganadas las elecciones del 2018 desde hace cuatro años. La caída de los precios del petróleo entorpeció los logros de la Reforma Energética que el gobierno tanto prometió. La desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa evidenció la violencia que vivimos. La casa blanca de Angélica Rivera demostró que la corrupción carcome al Estado mexicano. ¿De qué sirve insistir en que México es la 15° economía más grande del mundo, que no votemos con el estómago y que nos notan muy autoflagelados cuando el mexicano promedio despierta, todos los días antes de que salga el sol, para tomar una combi, en la que lo asaltan al menos dos veces al mes, y llegar a un trabajo, que le deja un salario cada vez más escaso, mientras escucha en la radio las noticias de desvíos millonarios?

¿Tiempos de esperanza?

Parece que todo estaba alineado para la victoria de la izquierda. Sin embargo, las medidas propuestas por AMLO parecen sacadas de un libro de Milton Friedman y no de uno de Amartya Sen. Corro el riesgo de caer en una falacia de evidencia incompleta y basó mi idea en 23 años de vivir en la Ciudad de México, que AMLO gobernó, y en las pocas consistencias que he detectado en estos dos últimos años. Cuando volteo a la izquierda, no veo a AMLO. Cuando volteo a la derecha, ahí está AMLO, a un lado de Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Carlos Salinas de Gortari.

AMLO habla de recortar al aparato burocrático. AMLO habla de despedir a casi 300 mil servidores públicos. El próximo presidente de México prefiere hacer transferencias directas de dinero a ninis y adultos mayores en lugar de fortalecer la seguridad social. El próximo presidente de México prefiere concesionar el nuevo aeropuerto a privados en lugar reclamar los espacios públicos. Me llama la atención la propuesta de pagarle a empresas para que contraten jóvenes porque a eso en la derecha le dicen vouchers. Me llama la atención que AMLO no habla de redistribución. Después de todo, vivimos una época en la que no hay alternativas viables al capitalismo. Durante el siglo pasado, el socialismo era una opción. Hoy sólo tenemos distintas formas de capitalismo, unas mejores y más libres que otras.

De todo corazón, espero que las cosas mejoren en el siguiente sexenio. No sé cuánto más aguantemos las personas que vivimos en este país. Sin embargo, no creo que todas las ideas de AMLO ayuden a reparar este país. Me emociona el cambio en la política de seguridad, pero veo cómo algunas propuestas de la nueva administración amenazan la libertad de las personas. Francamente, este texto sólo tuvo el propósito de expresar una parte de mis pensamientos en torno a cómo el liberalismo podría ser una oposición viable durante los próximos años. Entiendo que no entiendo la perspectiva de los Zapatistas, pero siento que MORENA es el mismo sistema de siempre. Entonces, recuerdo mi cita favorita del Subcomandante: “la libertad es como la mañana. Hay quienes esperan dormidos a que llegue, pero hay quienes desvelan y caminan la noche para alcanzarla”.

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